El rezo del Vía Crucis constituye una de las prácticas de piedad más arraigadas de la tradición cristiana. A través de sus catorce estaciones, los fieles meditan los principales momentos de la Pasión y Muerte de Jesucristo, preparándose espiritualmente para la celebración de la Pascua.

En Alcalá la Real, esta devoción cuenta con una larga tradición. Durante siglos existió incluso el conocido Barrio de las Cruces, testimonio de la importancia que alcanzó este ejercicio piadoso. La documentación conservada en los archivos de Santa María la Mayor confirma que las estaciones del Vía Crucis fueron renovadas y bendecidas a comienzos del siglo XX por el vicario de la diócesis.

Tradicionalmente, el Vía Crucis se celebraba en el interior de los templos desde el Miércoles de Ceniza hasta el Jueves Santo. También formaba parte de las misiones populares predicadas por distintas órdenes religiosas y ocupaba un lugar destacado en la vida de los conventos, especialmente en el de los Capuchinos, donde se conservaban textos y cantos propios para acompañar esta devoción.

Tras varios años de ausencia en las calles, el Vía Crucis volvió a celebrarse públicamente en 1979, organizado por nuestra Hermandad. Desde entonces, cada Miércoles Santo recorre distintos enclaves históricos de Alcalá la Real, como el barrio de San Juan, el Arrabal Viejo o Santo Domingo, adaptando sus itinerarios y meditaciones a las circunstancias y necesidades de cada momento.

En los últimos años, la Hermandad ha querido reforzar el carácter cercano y evangelizador de esta celebración, vinculando las reflexiones de cada estación a la historia, la fe y las vivencias de nuestro pueblo. De este modo, el Vía Crucis continúa siendo un momento de oración, encuentro y testimonio cristiano, profundamente arraigado en la identidad de nuestra Hermandad y de la ciudad de Alcalá la Real.