La antigua imagen del Santísimo Cristo de la Salud recibió culto en la ermita de San Blas desde mediados del siglo XVII. La documentación histórica confirma que ya en el siglo XVIII contaba con un camarín y un retablo propios, reflejo de la profunda devoción que despertaba entre los fieles de Alcalá la Real.

Uno de los testimonios más relevantes procede del testamento del licenciado Francisco Garrido Espinosa de los Monteros, quien en 1730 destinó trescientos ducados para la construcción de un retablo dedicado al Cristo de la Salud, encargando expresamente a sus albaceas que la obra se realizara «con la mayor decencia y culto de Su Majestad». Incluso encomendó al vicario Diego de Guzmán y Bolaños velar por el cumplimiento de su voluntad.

A partir de entonces se consolidó una hermandad encargada de promover el culto al Santísimo Cristo de la Salud y de administrar las numerosas donaciones, memorias y censos destinados al mantenimiento y embellecimiento de su capilla. Entre estas aportaciones destaca la realizada por el sacerdote José Ramírez, quien legó una finca para que sus rentas se destinaran permanentemente al culto y al ornato de la capilla, otorgando al Hermano Mayor la facultad de tomar posesión de dichos bienes.

Durante todo el siglo XVIII la corporación funcionó como la Obra Pía del Santísimo Cristo de la Salud, circunstancia que aparece documentada en diversas escrituras notariales y registros de la Real Hacienda. En 1795 se construyó el camarín que acogió la imagen, donde permaneció hasta su traslado en el siglo XX.

El camarín y su iconografía

Especial interés presenta un antiguo grabado que representa al Cristo de la Salud en su camarín. Aunque la imagen del Crucificado aparece de forma esquemática, el conjunto ofrece un valioso testimonio del ambiente devocional de la época.

El camarín mostraba un retablo barroco con una hornacina presidida por el Crucificado, rodeado de ángeles y bajo una cúpula de media naranja sobre planta hexagonal. La decoración incorporaba elementos característicos del barroco, como cornucopias, estípites y abundantes símbolos de la Pasión de Cristo.

En la parte inferior del retablo figuraba la inscripción en latín Domine Deus Salutis…, correspondiente al inicio del Salmo 88 («Señor, Dios de mi salvación…»), junto a otra leyenda que identificaba claramente la devoción: Santo Cristo de la Salud, que se venera en la ermita de San Blas de Alcalá la Real.

El grabado permite apreciar algunos rasgos de la antigua imagen: un Cristo ya muerto, de anatomía ligeramente curvada, cubierto con un faldellín —las conocidas «enagüillas» conservadas actualmente por la Hermandad—, coronado de espinas y clavado sobre una cruz arbórea con el tradicional letrero del INRI.

La litografía de 1875

La primera representación conocida de la imagen corresponde a una litografía fechada en 1875, realizada durante el mandato del Hermano Mayor Domingo Álvarez Barrio. Fue dibujada por un artista identificado con las iniciales «P. P.» e impresa en las prestigiosas Litografías Casado de Granada.

Esta representación confirma que el Cristo de la Salud era un crucificado de tamaño medio, perteneciente al primer barroco granadino y con evidentes influencias manieristas, muy próximo al círculo artístico de Pablo de Rojas.

Con el paso del tiempo la imagen fue enriquecida con diversos elementos devocionales, entre ellos una cabellera postiza de pelo natural incorporada a finales del siglo XIX, un sudario bordado de terciopelo morado, potencias de plata hoy desaparecidas, cordones y cortinas de encaje suspendidas del travesaño de la cruz.

Su composición destacaba por el equilibrio de las formas y por una intensa expresividad: la inclinación de la cabeza hacia la derecha se compensaba con el movimiento del cuerpo y de las piernas hacia la izquierda, mientras que la mirada del Cristo se dirigía directamente al fiel, invitándolo a la contemplación y la oración.

Origen y devoción

Las características artísticas de la talla permiten situar su realización hacia mediados del siglo XVII. Todo apunta a que su origen estuvo estrechamente vinculado a las epidemias de peste que asolaron la comarca durante ese siglo, especialmente la sufrida entre 1676 y 1682.

Como ocurrió en numerosas localidades andaluzas, la advocación del Cristo de la Salud surgió como una expresión de esperanza y protección frente a la enfermedad y la muerte. Probablemente la imagen recibió inicialmente culto en la Iglesia Mayor antes de establecerse definitivamente en la ermita de San Blas, donde su devoción creció de forma extraordinaria.

Con el paso del tiempo, la antigua Hermandad de San Blas fue cediendo protagonismo a la Hermandad del Santísimo Cristo de la Salud, que asumió el cuidado de la ermita y la organización de sus cultos hasta la desaparición del templo en el siglo XX.

Desaparición de la imagen

Pocos años antes de la demolición de la ermita de San Blas, la imagen fue trasladada a la iglesia de San Juan. Allí permaneció hasta el 19 de agosto de 1936, cuando fue destruida durante los episodios de violencia religiosa de la Guerra Civil española. Se desconoce con certeza cuál fue el destino final de la venerada talla.

Desde 1937 los cultos continuaron celebrándose en la iglesia de San Juan, donde se colocó una gran litografía del Cristo de la Salud —conocida popularmente como la «faneguera»— en un altar lateral. Poco después, un bombardeo destruyó la cúpula del templo mientras las religiosas de la Madre Carmen rezaban en la capilla del Sagrario.

El legado conservado

En 1988, Francisco Gámez entregó a la Hermandad diversos elementos pertenecientes a la antigua imagen: la cabellera postiza, el sudario, la corona de plata y varios tornillos originales.

Estas piezas, conservadas actualmente en el museo de la Hermandad, constituyen un valioso testimonio material de la primitiva imagen del Santísimo Cristo de la Salud y de la historia de una devoción que ha permanecido viva durante más de tres siglos.